SILED RODRÍGUEZ

Siled Rodríguez Reyes nació en Cancún de padres afromexicanos procedentes de la Costa Chica y abuelos de Veracruz. Desde hace más de once años reside en Mérida donde estudió artes escénicas.

Mi herencia Afro personal y familiar comienza con características físicas como el cabello crespo, el color de piel, tono de la voz o las características faciales como ojos, labios y nariz. No poseo acceso a información documentada acerca de mi herencia, por tanto, mi pasado siempre se ha visto envuelto entre muchas dudas. Estoy en vías de investigación hablando con mis abuelxs, aunque al estar en otro estado, es un poco tardada la recolección de evidencias.

El ser afrodescendiente afecta mi vida principalmente a través de la censura. Me obligan a pensar que cualquier rasgo fuera del estereotipo aceptado está mal. Este es el primer trabajo de investigación acerca de mi    herencia afro, aunque definitivamente me encantaría seguir hablando de ello.

He sufrido el racismo a través de la discriminación. En un plano de control, manejan   nuestro pensamiento a un nivel tan profundo que se nos obliga a pensar que ser diferentes al modelo caucásico europeo de la blanquitud estereotipada y mal llamada “estética” es por demás incorrecto y debe ser erradicado desde la raíz.

Me han criticado por mi aspecto. Incluso mi madre hace comentarios negativos acerca de mi tipo de pelo o me dice que me parezco “a las negritas de las pinturas con su jarrón en la cabeza” aunque este último lo hace como halago. También me han dicho que baje la voz o que  no sea tan pasional.

Ser afrodescendiente es un nuevo término en mi deconstrucción. El aceptarme afro es romper las barreras de la aceptación personal y afianzar aún más quién soy. Siempre he tenido un pasado borroso y ahora alcanzo a tocar tierra.

Mi compromiso con la comunidad afroyucateca es justo construir comunidad, apoyarnos entre nosotrxs, cultivar la empatía y luchar cada día contra el sistema impuesto desde generaciones atrás. Cambiar las estructuras, manifestarnos con libertad, pronunciarnos y combatir las etiquetas de lo que “está bien” y “lo que no”.

Estoy interesada en aprender todo de mi herencia afro. De la cultura afro, conozco lo que la historia dice, que todos llegaron como esclavos o moneda de cambio en barcos españoles o ingleses. Sé que en diferentes partes de la República Mexicana existen comunidades afrodescendientes que perpetúan sus manifestaciones culturales, mismas que trata de ocultar el gran mecanismo de poder. De las aportaciones afro conozco muy poco, en general desde la  esclavitud, como en la construcción de edificios.

También en los rasgos físicos veo su legado, lxs descendientes también han hecho aportaciones importantes dentro de nuestra propia apropiación cultural, tal es el caso del son jarocho, la jarana, algunas fiestas y ritmos como la salsa y el jazz.

Participar en un proyecto con afrodescendientes sobre la identidad afromexicana es un nuevo camino, comenzar a atar cabos sueltos y crear comunidad. Mi mayor logro en este proyecto es resaltar la visibilidad, apropiarnos de nosotrxs y tomar la libertad que nos merecemos por ser cómo y quiénes somos.

Perfecto, a ver, mis padres no se reconocen afro, sin embargo mi padre tiene rasgos como el pelo rizado, piel morena oscura y labios gruesos. Mi madre también es morena y su nariz es algo ancha.

Mi abuela materna es Oaxaqueña, de madre zapoteca. Mi abuelo paterno es de Xalapa, Veracruz, al igual que su padre. La mamá de mi abuelo tenía ascendencia directa de afros, aunque esa información está perdida, sin embargo, una de las sobrinas de mi abuelo es completamente afro, piel morena, ojazos negros, cabello afro. Así que todxs lxs primxs tenemos herencia de ahí.

Siempre me han dicho que me parezco mucho a mi bisabuela materna, la mamá de mi abuelo.

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